Valoración desde la Educación Cívica a la responsabilidad digital de los jóvenes

Civic Education and the Evaluation of Youth Digital Responsibility

Artículo de investigación

AUTOR:

Virgilio Daniel Moreno Pedroso[1]

Correo: jesuspedroso41@gmail.com

Orcid: https://orcid.org/0009-0002-2774-0562

Instituto de Marxismo, Historia y Seguridad Nacional. Universidad de Camagüey, Cuba

 

Recibido

Aprobado

Publicado

 12 de marzo de 2026

18 de abril de 2026

10 de mayo de 2026

 

 

Resumen

La propuesta que se propone, trata un problema cercano y real para los jóvenes de nivel medio superior: la irresponsabilidad digital. Muchos estudiantes no perciben con claridad los riesgos asociados al uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, y eso los expone a consecuencias evitables. El propósito aquí es realizar una valoración y proponer una estrategia desde la Educación Cívica que permita apreciar el comportamiento de la conducta responsable en el entorno digital. Para entender la situación se recurre a entrevistas, encuestas y análisis documental que permiten diagnosticar cómo piensan y actúan los jóvenes frente a las TIC. A partir de ese diagnóstico se plantea una estrategia basada en reflexión, debate y autoevaluación continua, con actividades que promuevan el pensamiento crítico y la regulación de la conducta digital. La propuesta busca que los estudiantes reconozcan las ventajas de un uso responsable de Internet, como el trabajo colaborativo y el respeto, y que las contrasten con las desventajas, anonimato, influencia negativa, procrastinación y la formación de grupos de odio, para tomar decisiones informadas. El objetivo final es formar ciudadanos digitales responsables, conscientes de las implicaciones éticas de su comportamiento en línea. Para lograrlo, la familia y la escuela deben comprometerse como agentes socializadores: acompañar, orientar y modelar prácticas que fomenten un consumo audiovisual crítico y ético. Solo así se podrá contrarrestar la huella que dejan los contenidos con los que los jóvenes interactúan en su tiempo de ocio y construir un entorno digital más seguro y respetuoso.

Palabras clave: Educación en valores, Responsabilidad digital, Procrastinación, Xenofobia, Ciudadanía digital.

Abstract

The proposal presented here addresses a close and real problem for upper secondary students: digital irresponsibility. Many students do not clearly perceive the risks associated with the use of Information and Communication Technologies (ICT), which exposes them to avoidable consequences. The purpose here is to propose a pedagogical strategy from Civic Education and values education that fosters responsible behavior in the digital environment.

To understand the situation, interviews, surveys, and documentary analysis are used to diagnose how young people think and act regarding ICT. Based on that diagnosis, a strategy is proposed that is grounded in reflection, debate, and continuous self-assessment, with activities that promote critical thinking and the regulation of digital behavior. The proposal seeks for students to recognize the advantages of responsible Internet use, such as collaborative work and respect, and to contrast them with the disadvantages—anonymity, negative influence, procrastination, and the formation of hate groups—in order to make informed decisions. The ultimate goal is to form responsible digital citizens who are aware of the ethical implications of their online behavior. To achieve this, family and school must commit as primary socializing agents: to accompany, guide, and model practices that encourage critical and ethical audiovisual consumption. Only in this way can the imprint left by the content young people interact with during their leisure time be countered and a safer, more respectful digital environment be built.

Keywords: Values education, Digital responsibility, Procrastination, Xenophobia, Digital citizenship.

INTRODUCCIÓN

Vivimos en un momento en que formar personas significa acompañarlas en un mundo saturado de información y estímulos digitales. Internet y los dispositivos móviles han transformado cómo nos comunicamos, aprendemos y nos relacionamos, sobre todo entre los jóvenes.

Ese entorno ofrece oportunidades inéditas, pero también riesgos: distracciones, sobreexposición, desinformación y relaciones superficiales. Por ello es urgente recuperar la responsabilidad como eje educativo, para que los jóvenes aprendan a navegar el mundo digital con criterio y ética (Autor, 2021).

La educación en valores es un proceso vivo y complejo, no se trata solo de transmitir normas, sino de acompañar la interiorización de significados sociales y morales en contextos históricos concretos. La ausencia sistemática de educación en valores y responsabilidad digital se refleja en hábitos como dependencia de pantallas, falta de protección de la privacidad y exposición a contenidos sin filtro.

Esta carencia se traduce en prácticas riesgosas y en un consumo poco reflexivo que facilita la difusión de discursos de odio. Por ello es urgente acompañar a los jóvenes, enseñarles a cuestionar lo que ven, proteger su intimidad y asumir la responsabilidad de lo que comparten. Con guía y herramientas prácticas pueden transformar hábitos impulsivos en decisiones informadas y contribuir a un entorno digital más seguro.

También se observan dificultades para filtrar contenidos violentos, sexuales o delictivos, que moldean actitudes y afectan la convivencia. Por eso escuela y familia deben trabajar juntas, enseñando a mirar con espíritu crítico y a asumir responsabilidad en línea. Solo así podrán protegerse y aportar a un entorno digital respetuoso.

DESARROLLO

La solución a la falta de responsabilidad digital en la Educación Cívica requiere un marco teórico que explique la relación entre ambos conceptos. Educar en valores no significa solo transmitir contenidos, sino acompañar la construcción de la personalidad del estudiante, ayudándole a integrar normas y actitudes que orienten su conducta. Como señala Chacón (2007), los valores son formaciones psicológicas que guían el comportamiento humano y se sostienen en un ideal de lo deseable. Por ello, se interiorizan a través de la actividad, la comunicación y las relaciones, siempre que el aprendizaje sea significativo y conectado con la vida cotidiana.

La Educación Cívica tiene la misión de formar al sujeto como ciudadano, entendiendo la ciudadanía no como un simple estatus administrativo, sino como un conjunto de prácticas, derechos y deberes que se viven dentro de una comunidad. Con la llegada de la era digital, ese concepto se transforma: hoy hablamos también de ciudadanía digital, que exige normas y hábitos para convivir responsablemente en entornos tecnológicos.

Ribble (2015) define la ciudadanía digital como el conjunto de normas de comportamiento responsable en el uso de la tecnología. Su propuesta se organiza en nueve elementos interrelacionados —como la etiqueta digital, la alfabetización digital, la comunicación digital, el acceso y comercio digital, los derechos y responsabilidades legales y éticas, la salud y bienestar digital, y la seguridad digital— que ofrecen un mapa práctico para orientar la formación cívica en contextos conectados. Este enfoque busca que los jóvenes no solo dominen herramientas, sino que actúen con criterio, respeto y responsabilidad en línea.

La responsabilidad digital se perfila como un pilar esencial de la competencia ciudadana, no es solo saber usar herramientas, sino comprender el impacto de nuestras acciones en línea. Ser competente digitalmente implica ser consciente de las consecuencias de lo que hacemos y decimos en el entorno virtual, respetar los derechos ajenos y cuidar la propia privacidad y la de los demás.

Actuar con responsabilidad digital significa promover espacios en línea seguros y colaborativos, lo que implica cooperar, proteger la intimidad, denunciar prácticas dañinas y contribuir a la construcción de confianza. Formar esta competencia es preparar ciudadanos capaces de convivir con criterio, ética y solidaridad en el mundo digital. Desde la educación en valores, la responsabilidad digital se entiende como un valor de segundo orden que da sentido a otros esenciales en el entorno tecnológico, como el respeto, la honestidad, la solidaridad y la justicia (García & López, 2021).

Muestra y metodología: La investigación se desarrolló bajo un enfoque dialéctico-materialista, lo que permitió comprender la irresponsabilidad digital como un fenómeno complejo y contradictorio, en constante transformación y condicionado por factores históricos y sociales. Para ello se aplicaron métodos cualitativos y cuantitativos, con el fin de obtener una visión integral que incluyera tanto prácticas observables como dinámicas subjetivas del alumnado.

Este enfoque reconoce que la realidad digital no es neutral, sino un espacio atravesado por tensiones ideológicas y materiales que influyen en la formación de valores y comportamientos. El análisis se orienta a desentrañar las contradicciones entre el uso masivo de las TIC y la ausencia de una educación axiológica sólida, situando el problema en el marco de las relaciones sociales y culturales que lo producen.

Se realizó un estudio de fuentes bibliográficas y documentales sobre educación en valores, ciudadanía digital, psicología de la adolescencia y políticas culturales en Cuba. También se analizaron documentos normativos del MINED, materiales curriculares de Educación Cívica e informes previos sobre consumo audiovisual en la infancia y juventud, como el presentado por la Dra. Isabel Ríos Leonard en el Instituto Juan Marinello. Este método permitió situar teóricamente el problema y diseñar los instrumentos de recogida de información.

Método Empírico: Se aplicó una encuesta anónima a 120 estudiantes de nivel medio superior de la IPU Inés Luaces Sánchez en Camagüey. El cuestionario, diseñado con preguntas cerradas y escalas Likert, permitió indagar sobre hábitos de consumo de internet y redes sociales, percepción de riesgos, conocimiento de medidas de seguridad digital, exposición a contenidos inadecuados y frecuencia de la procrastinación académica.

Entrevista: Se realizaron entrevistas semiestructuradas a diez docentes, cinco de Educación Cívica y cinco de otras asignaturas, así como a quince padres de familia. El propósito fue explorar sus percepciones sobre el comportamiento digital de los estudiantes, las dificultades que enfrentan para educar en esta materia, las estrategias que ponen en práctica y la relación entre escuela y familia.

El diagnóstico: El estudio permitió un acercamiento a la realidad cotidiana de la escuela y la familia a través de encuestas, entrevistas y análisis documental se recogieron datos que muestran cómo los jóvenes piensan y actúan frente a las TIC, así como los riesgos que muchas veces no perciben. Al cruzar esta información emergieron tensiones claras: el fácil acceso a dispositivos y redes frente a la falta de formación crítica. Dichas tensiones se tradujeron en indicadores concretos —como el porcentaje de compartición sin verificación, los niveles de configuración de privacidad y los tipos de contenidos consumidos— que permiten dimensionar el problema y orientar con mayor precisión las acciones educativas necesarias.

Intervención: El diseño se pensó desde la vida real de estudiantes y familias, estructurando módulos de Educación Cívica centrados en la reflexión, el debate y la autoevaluación, complementados con cine foros, proyectos colaborativos y talleres para padres. Cada actividad tuvo un propósito definido y recursos concretos. Los docentes recibieron formación para guiar las sesiones, los estudiantes asumieron roles activos en debates y proyectos, y las familias participaron en espacios de intercambio de acuerdos y buenas prácticas.

Más allá de transmitir contenidos, estas acciones buscan transformar las condiciones materiales y culturales que sostienen la conducta digital. El objetivo es que el pensamiento crítico se convierta en hábito cotidiano: verificar fuentes, cuidar la privacidad, reconocer el impacto de lo que se comparte y construir entornos digitales seguros y respetuosos.

Evaluación: La evaluación se concibió como un acompañamiento cercano y riguroso. Se combinaron pruebas antes y después, observación en actividades, grupos focales y registro de incidentes, lo que permitió captar no solo cifras, sino cambios reales en actitudes y prácticas. Se midieron indicadores concretos, como la verificación de fuentes, la reducción de comparticiones impulsivas y la mejora en las autoevaluaciones y se analizaron testimonios y observaciones para comprender las razones de los cambios o su ausencia.

El análisis alimentó ajustes inmediatos en actividades y materiales, siempre respetando la confidencialidad, el consentimiento y la inclusión de familias y estudiantes. La evaluación se pensó también en clave de sostenibilidad: formar a los docentes, dejar materiales reutilizables y establecer protocolos que aseguren la permanencia de lo aprendido en la vida escolar y familiar. En suma, la evaluación funcionó como una retroalimentación viva entre teoría y práctica, orientada a fortalecer la formación de una ciudadanía digital responsable.

Resultados

El diagnóstico realizado reveló un panorama complejo y preocupante, que confirma y profundiza las observaciones iniciales.

La Procrastinación Digital como Síntoma.

Los resultados de la encuesta mostraron un dato preocupante: el 78% de los estudiantes reconoce posponer tareas académicas importantes para dedicar tiempo a redes sociales o entretenimiento digital. Esta conducta no responde solo a falta de voluntad, sino que se vincula con factores emocionales y cognitivos como ansiedad, baja tolerancia a la frustración o búsqueda constante de estímulos, convirtiendo la distracción en un refugio inmediato.

Comprenderlo desde esta perspectiva cambia la respuesta educativa: más que exigir disciplina, se trata de acompañar a los jóvenes en la identificación de causas, brindar herramientas para gestionar la ansiedad y la atención, y enseñar estrategias prácticas que les permitan recuperar el control de su tiempo y decisiones en el entorno digital.

Los estudiantes expresaron sentimientos de culpa y una presión que se imponen a sí mismos, lo que confirma las consecuencias de la postergación crónica, tienden a eternizar preparativos y a ocuparse de tareas menores y agradables para esquivar lo que realmente importa, un patrón que se agrava por el propio diseño de las plataformas digitales, pensadas para captar y retener la atención (Harris, 2019).

Influencia Negativa y Grupos de Odio.

Uno de los hallazgos más alarmantes se relaciona con la influencia de las redes digitales en la formación ideológica de los jóvenes. El 65% de los encuestados afirmó haber visto contenido de naturaleza violenta, discriminatoria o de odio en sus redes sociales, principalmente en Instagram, YouTube y Facebook.

La revisión documental y las entrevistas con profesores coinciden en una preocupación que duele y que exige respuesta: las plataformas digitales se han convertido en espacios donde se incuban y difunden grupos de odio que normalizan el racismo, la xenofobia, la misoginia, la homofobia y el anticomunismo. Esa violencia simbólica no siempre llega como un ataque directo; muchas veces se presenta como bromas, “rebeldía” o búsqueda de identidad, y encuentra en adolescentes vulnerables un público dispuesto a aceptar mensajes que prometen pertenencia.

La evaluación publicada por El Periódico de España (2023) sobre la difusión del discurso reaccionario a través de los llamados “fachatubers” resuena con lo que observamos en el contexto local: discursos que se venden como transgresores terminan atrayendo y radicalizando a jóvenes que buscan sentido y reconocimiento. Frente a esto, la escuela y la familia deben actuar con urgencia: identificar señales, ofrecer espacios de diálogo crítico y construir alternativas afectivas y formativas que desactiven la seducción de esos discursos. El Periódico de España (2023).

Este fenómeno forma parte de un proceso cultural más amplio. Como advierte Gabriel Cocimano (citado en Illescas, 2015), la industria cultural ha mercantilizado los símbolos de rebeldía, sustituyendo a los verdaderos luchadores sociales por productos vacíos. En la misma línea, Jon Illescas (2015) analiza la “dictadura del videoclip”, mostrando cómo figuras históricas como Martin Luther King o Malcolm X han sido desplazadas en el imaginario juvenil por íconos del consumo.

De este modo, el sistema trivializa y fragmenta las luchas emancipadoras, impidiendo la consolidación de un frente anticapitalista. Lo esencial se diluye en modas y estilos superficiales, relegando las causas profundas de transformación social.

La situación en Italia, documentada por Leonardo Bianchi, refleja dinámicas culturales y políticas de alcance global. En Argentina, el atractivo de Javier Milei entre jóvenes se explica menos por su programa político que por un discurso antisistema capaz de canalizar el descontento generacional. Aunque en contextos distintos, ambos casos muestran un mismo patrón: la capacidad de la ultraderecha contemporánea para apropiarse de herramientas digitales y difundir ideología, consolidando su influencia en nuevas generaciones.

Este fenómeno resulta crítico, pues el llamado “nuevo fascismo” encuentra apoyo en jóvenes y adolescentes, muchos de sectores vulnerables. Las plataformas digitales, que deberían ser espacios de socialización, se convierten en escenarios para la propagación de discursos de odio e intolerancia. La red opera como un dispositivo de normalización de prácticas extremistas que fragmentan el tejido social y erosionan valores democráticos.

La evidencia comparada muestra que estas dinámicas no pueden entenderse solo en clave nacional, sino como parte de un proceso transnacional donde convergen estrategias comunicativas, narrativas antisistema y el uso de la lógica algorítmica de las plataformas digitales. Así se configura un campo de disputa simbólica en el que la ultraderecha capitaliza el desencanto juvenil, transformando la esfera digital en un espacio de legitimación y expansión de sus discursos.

Consumo Audiovisual y Rol de la Familia.

Las entrevistas a padres y madres muestran una preocupación generalizada por el consumo audiovisual de sus hijos, junto con sensación de impotencia y falta de herramientas claras para regularlo. La supervisión suele ser insuficiente o reactiva, sin apoyo sistemático de las instituciones educativas, lo que resulta crítico en la primera infancia. La Dra. Nadieska Benítez Gort (comunicación personal, 2023) advierte sobre conductas de tipo autista en niños sin dicho trastorno, asociadas al uso excesivo de pantallas, que generan experiencias pasivas y limitan la estimulación cognitiva, configurando un riesgo para el desarrollo integral.

La política cultural cubana ha mostrado preocupación por estos desafíos. El Programa Nacional de Fomento de la Cultura Audiovisual, coordinado por el ICAIC desde 2012, busca incorporar la educación audiovisual en los currículos escolares y en la formación de pedagogos. Sin embargo, persisten limitaciones económicas que afectan la calidad y diversidad de la oferta institucional y favorecen la migración del consumo hacia el espacio doméstico, donde los mecanismos de control pedagógico son más complejos y menos efectivos.

Discusión:

Los resultados evidencian la urgencia de una estrategia educativa que, desde la Educación Cívica, aborde la responsabilidad digital de manera sistemática y profunda. La enseñanza de normas de ciberseguridad es necesaria, pero insuficiente frente a los retos actuales. Se requiere además una formación axiológica que permita a los jóvenes desarrollar criterio propio y un comportamiento ético en el entorno digital, favoreciendo prácticas responsables que trasciendan la prevención técnica y contribuyan a consolidar una ciudadanía digital crítica y comprometida con valores democráticos.

1.       Reflexión y Debate Crítico: La estrategia educativa parte de la idea de que la formación en valores debe construirse desde la reflexión compartida, no mediante la imposición. En el marco de la Educación Cívica se proponen metodologías activas como el análisis de casos y el debate sobre dilemas éticos del entorno digital, incluyendo fake news, ciberacoso y gestión de la privacidad, junto con la apreciación cinematográfica como ejercicio crítico de lectura cultural.

La selección de obras que abordan temas como manipulación mediática, identidad y diversidad busca interpelar a los estudiantes, promoviendo la discusión de sus prácticas y la construcción colectiva de normas éticas de comportamiento digital.

2.   Autoevaluación Permanente: La responsabilidad digital implica un ejercicio de metacognición, donde los estudiantes reflexionan sobre sus hábitos de consumo, huella digital, interacciones en redes y tendencia a la procrastinación. Para ello se emplean diarios reflexivos, portafolios digitales y rúbricas de autoevaluación que facilitan el monitoreo de su progreso. El objetivo es que cada estudiante identifique fortalezas y debilidades, logrando autorregular su comportamiento en el entorno digital.

Como señalan Pychyl y Flett (2012), superar la procrastinación requiere “empezar”, dividiendo proyectos en tareas pequeñas y generando emociones positivas alrededor de los problemas.

3.    Enfoque Interdisciplinario y Vínculo Familia-Escuela: La responsabilidad digital no debe limitarse a la Educación Cívica, sino integrarse transversalmente en el currículo escolar. Desde la informática puede abordarse la seguridad técnica; en lengua española, el análisis crítico de discursos de influencers y fachatubers; en historia, la propaganda fascista y sus paralelos actuales; y en psicología, el manejo de la ansiedad y la procrastinación. A ello se suma la necesidad de fortalecer el vínculo con la familia mediante escuelas de padres para la ciudadanía digital, que ofrezcan herramientas para supervisar y establecer normas sobre el uso de la tecnología. El propósito es avanzar hacia una familia proactiva en la educación digital de sus hijos.

CONCLUSIONES

Este trabajo aborda la problemática de la irresponsabilidad digital en los jóvenes, identificando manifestaciones críticas como la procrastinación ligada al consumo compulsivo, la vulnerabilidad ante discursos de odio y la ausencia de un consumo audiovisual crítico. Se demuestra que las redes digitales no son espacios neutrales, sino escenarios de disputa ideológica donde la ultraderecha capta nuevas generaciones mediante narrativas reaccionarias disfrazadas de rebeldía.

Tanto la familia como la escuela reconocen su papel en la formación digital, aunque enfrentan dificultades. Muchos padres carecen de herramientas y se sienten desbordados, mientras las instituciones educativas deben integrar la educación digital en el currículo, superando enfoques técnicos o de seguridad para avanzar hacia una perspectiva crítica y axiológica que fomente valores y responsabilidad.

La estrategia desde la Educación Cívica se plantea como alternativa viable para formar una ciudadanía digital responsable, basada en reflexión, debate y vínculo con la familia. Se busca que los jóvenes desarrollen pensamiento crítico, actúen con respeto y empatía en línea y usen la tecnología como herramienta de crecimiento personal y colectivo. La familia requiere apoyo mediante escuelas de padres, y los educadores tienen la tarea de orientar y fortalecer valores que permitan navegar con ética en el entorno digital.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

I.         Baxter, E. (2003). Educación en valores: fundamentos y prácticas. Editorial académica.

II.         Benítez Gort, N. (2023). Comunicación personal.

III.         Chacón, M. (2007). Los valores como formaciones psicológicas. Editorial universitaria.

IV.         Cocimano, G. (2015). En Illescas, J. La dictadura del videoclip: Industria musical y sueños prefabricados. Madrid: El Viejo Topo.

V.         El Periódico de España. (2023). La difusión del discurso reaccionario a través de los “fachatubers”. El Periódico.

VI.         García, P., & López, R. (2021). Responsabilidad digital y educación en valores. Revista de Educación y Tecnología, 12(3), 45–62.

VII.         Harris, T. (2019). The attention economy and digital distraction. New York: HarperCollins.

VIII.         Illescas, J. (2015). La dictadura del videoclip: Industria musical y sueños prefabricados. Madrid: El Viejo Topo.

IX.         Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). (2012). Programa Nacional de Fomento de la Cultura Audiovisual. La Habana: ICAIC.

X.         Pychyl, T. A., & Flett, G. L. (2012). Procrastination and self-regulation failure: An introduction to the special issue. Journal of Rational-Emotive & Cognitive-Behavior Therapy, 30(4), 203–212. https://doi.org/10.1007/s10942-012-0149-5 (doi.org in Bing)

XI.         Ribble, M. (2015). Digital citizenship in schools: Nine elements all students should know (3rd ed.). Washington, DC: International Society for Technology in Education.

XII.               Ríos Leonard, I. (s.f.). Informe sobre consumo audiovisual en infancia y juventud. Instituto Juan Marinello.

 

DECLARACIÓN DE CONFLICTOS ÉTICOS Y CONTRIBUCIÓN DE LOS AUTORES

El autor declara que este manuscrito es original y no se ha enviado a otra revista. El autor es responsable del contenido recogido en el artículo y en él no existen plagios, ni conflictos de interés ni éticos.

 

 



[1] Profesor Instructor, e investigador.